En el año 2004 fueron declaradas las Ciudades del Salitre del Norte de Chile y en el año 2006, Sewell, la mina subterránea de cobre más grande del mundo. Estos reconocimientos mundiales sin duda que han producido en el interior de nuestra sociedad un cambio importante de visión en relación con el significado e importancia del patrimonio industrial.
La Corporación Nacional del Cobre, CODELCO, empresa estatal más grande de Chile, cuyo objetivo esencial es la extracción, elaboración y comercialización de este mineral, representa hoy en día alrededor del 20% de este mercado en el mundo, y logra beneficios de 9.215 millones de dólares (US $) el año 2006. Su principal yacimiento es Chuquicamata, también la mina de cobre, en este caso a cielo abierto, más grande del mundo. Este complejo se encuentra en el paralelo 23,5º a 1.600 km al norte de Santiago en medio del desierto cuenta ya con casi un siglo de vida.
Por razones productivas, industriales y humanas, se ha decidido el traslado de toda la población de su campamento minero, aledaño a la propia mina, a la ciudad de Calama, a unos 20 km del lugar. Este proceso de traslado de operarios, técnicos y profesionales con sus familias ha significado un enorme desafío de organización, infraestructura y logística.
Dentro de toda esta complejidad de cambios, existe un área que me parece muy importante destacar y difundir. Dentro de los proyectos del traslado a Calama, se ha elaborado un Plan de Conservación del Campamento Chuquicamata, proyecto paradigmático para una industria en Chile y el mundo.
El Plan cuenta con varias etapas de desarrollo y durante el año 2006 se elaboraron una docena de proyectos multidisciplinarios de cara a la conservación del Campamento Chuquicamata, en los que tuve la responsabilidad de colaborar y evaluar desde una perspectiva global y dentro de los ámbitos de TICCIH-Chile, como entidad especializada en temas de patrimonio industrial. Estos proyectos van desde estudios históricos, levantamientos del estado de condición del sitio, recopilación de material documental, estudios socioantropológicos y culturales, hasta propuestas de carácter arquitectónico, urbanístico, museológico, manejo económico administrativo y gestión y conservación del sitio.
Entrar en más detalles sería bastante largo y no es el objetivo de este texto. Nuestra intención es más bien la de colaborar con la difusión de iniciativas como ésta, en la que una empresa que en principio no tiene por finalidad ni la conservación ni la gestión de la cultura, ha encarado el desafío de incorporar en los cambios productivos que CODELCO requiere para mantener y mejorar su productividad y competitividad, la conservación de su patrimonio, que no es sólo suyo, sino que le pertenece a todo un país y a sus generaciones futuras. Este es a mi juicio un ejemplo destacable, que ha sido posible gracias, en gran medida, a la visión y altura de miras de muchos de sus profesionales y directivos, y que sería imprescindible trasladar a otras áreas de la industria, tan dinámica y cambiante en nuestros días.

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