La Tribuna
Sumario
   

La restauración del patrimonio industrial modernista
y el centenario del Vapor de Terrassa

   

Carles Buxadé
Dr. Arquitecte

 

La arquitectura industrial catalana más significativa está ligada al Modernismo, movimiento artístico que une tradición, cultura y entendimiento, a todos los niveles, con el individualismo y el romanticismo del Art Nouveau, y que duró cuarenta años, hasta la llegada del Noucentisme caracterizado por el clasicismo y la funcionalidad.
En relación a esta arquitectura industrial, tres nombres –para mí especiales– están hoy vigentes:
Josep Amargós i Samaranch (1849-1918), autor de la Torre de les Aigües en el Tibidabo (1902), entrañable símbolo en el perfil de la sierra de Collserola, es uno de ellos.
La Escuela Industrial de Barcelona en la calle Urgell, en las instalaciones de la antigua fábrica Batlló, es una de las obras principales del arquitecto Rafael Gustavino Moreno (1842-1908), virtuoso de las bóvedas catalanas que todavía inspiran muchas de las formas estructurales.
Y, finalmente, el arquitecto Lluís Muncunill i Parellada (1868-1931) autor de uno de los edificios más brillantes y representativos del Modernismo industrial, la actual sede del Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya (1907-1908).
El proyecto de restauración de este conjunto se desarrolló, de acuerdo con un criterio que creo totalmente vigente, intentando recuperar la sencillez y la pureza originales de la edificación que, en este caso, pertenece al Muncunill de estilo más depurado, al Muncunill de las fachadas estucadas y de los perfiles curvos.
De esta forma, la propuesta contempla el derribo de todos los añadidos, el aislamiento visual desde el museo de los edificios adyacentes, la reconstrucción de las fachadas originales y la restauración de las bóvedas, incluidas las lucernas, teniendo siempre presente la idea motriz del proyecto: la construcción de un sótano bajo la nave, donde situar todos los espacios cerrados, para mantener la visión global de la sala y del mar de bóvedas de la cubierta, que sigue siendo una de las imágenes capitales del Modernismo.


   

 

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