Entrevista
Sumario
  Jordi Bonet
Presidente de la Academia de Bellas Artes de Sant Jordi, arquitecto director de la Sagrada Família

“Lo más importante es educar a las personas para que tengan y tomen la respon-sabilidad de las tareas que deben hacer”.

Jordi Bonet no duda ni un momento en reconocer el sentido común de las personas que han sacado adelante el mNACTEC. Sus palabras amables, tranquilas y llenas de experiencia hacen balance de una vida llena de recuerdos que van desde su infancia y servicio militar hasta la opinión que le merecen temas como el cambio climático o la sanidad en Francia. Bonet nació entre “patrimonio” y cada una de sus palabras transmite este sentimiento con personalidad propia.


La Fábrica Aymerich, Amat i Jover fue, entre otros, uno de los espacios industriales de los que Jordi Bonet, como director general de Patrimonio Cultural de la Generalitat, impulsó la recuperación. Su estima por el mNACTEC y por la conservación del patrimonio industrial se pone de manifiesto en cada una de sus palabras. A día de hoy, sigue desarrollando esta pasión, mañana y tarde, como arquitecto director de la Sagrada Família de Barcelona.

¿Cómo llegó al mundo del patrimonio cultural?
Desde pequeño me encontré con un entorno patrimonial y, en casa, me enseñaron a quererlo. Mi abuela era prima de Puig i Cadafalch, y mi padre nació en una casa construida por él, en Argentona. Un verano, paseando, mi padre descubrió el poblado ibérico de Cabrera. Tiempo después, durante las milicias, me tocó ir a construir búnkeres al Valle de Ribes, en Ripoll, y allí, por casualidad, descubrí las pinturas del ábside de Sant Cristòfol de Toses, actualmente expuestas en el MNAC. Hoy, la aventura sigue con la Sagrada Família y sigo encaramándome durante todo el día por sus escaleras de gato.

¿Qué destacaría de su época como director general de Patrimonio Cultural?
El cariño por el patrimonio lo he llevado siempre adentro. Cuando me propusieron ser director general de Patrimonio de la Generalitat contribuí a la compra y restauración, entre otros, del Palacio Moja, de la iglesia de Sant Francesc de Montblanc y de la fábrica Aymerich, Amat i Jover, hoy sede del mNACTEC. Propuse, yo mismo, a Eusebi Casanelles como director del museo y aún recuerdo cuando nos regalaron las primeras colecciones de máquinas de vapor o la maqueta de la fuente mágica de Montjuïc. Aproveché mi primera legislatura para recuperar edificios singulares, evitando su desaparición. Desgraciadamente, no siempre es fácil conseguir por parte de todo el mundo el respeto hacia nuestro patrimonio.

¿Ha evolucionado el conocimiento y el concepto de patrimonio por parte de la sociedad?
La sociedad ha cambiado mucho y ya no se valora la cultura como antes, y a menudo la sociedad civil está muy influida por aspectos económicos. Con ello no quiero decir que no se haya avanzado; simplemente, cuesta mucho armonizar intereses económicos y patrimoniales. Por ello, se agradece encontrar personas como las que trabajan en el mNACTEC, que dedican tiempo y esfuerzo a salvaguardar y dar a conocer el patrimonio industrial catalán.

¿Cuál es el futuro de los equipamientos culturales que tratan sobre patrimonio industrial?
Como miembro de la Junta de Museos, veo que aún hay mucho trabajo que hacer. Una cosa es la voluntad y otra las leyes y, a menudo, cambiar la ley no es fácil. Espero que el nuevo Proyecto de Equipamientos Culturales (PECCAT) impulse avances en el campo patrimonial. En estos momentos, sin duda que hay buena disponibilidad, que tiene que confluir con la suficiencia económica para que los proyectos avancen y se consoliden.

 

 

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