Desde los tiempos más remotos, el hombre ha sido un animal técnico. Se ha servido del ingenio para innovar y crear utensilios que le facilitasen la existencia. Por lo tanto, no podemos decir que la técnica que hoy conocemos sea un hecho innovador; sin embargo, nunca la técnica había sido tan hegemónica como lo es en nuestros días. Esta preponderancia técnica configura una etapa evolutiva que podemos denominar la era tecnológica.
Partiremos de la idea de que el valor de la tecnología no radica en el hecho de que nos ofrezca más, sino en que abra la puerta a un mundo mejor. Es preciso, por tanto, plantear unos parámetros éticos que analicen la situación del hombre inmerso en este nuevo ámbito, y propongan unas coordenadas de actuación, a partir de las nuevas demandas generadas por el contexto tecnológico. He aquí el significado de la palabra tecnoética.
Es preciso, también, encontrar un punto de equilibrio entre las visiones, tradicionalmente contrapuestas, de aquello que se ha venido denominando las dos culturas: la de los científicos/tecnólogos y la de los hombres y mujeres “de letras”.
En el seno de estas disquisiciones, en 1998 la empresa Epson creó la Fundación Epson-Instituto de Tecnoética, con el fin de fomentar el debate y encontrar, en su trabajo diario, puentes que vertebren estos dos puntos de vista. El instituto reúne grupos de estudio pluridisciplinares en los que los ingenieros trabajan con los filósofos; y sus congresos, conferencias, cursos, proyectos de investigación y publicaciones llevan el sello de la reflexión ética meticulosa.
Entre sus aportaciones, querríamos destacar dos: primero, el ensayo del filósofo Josep M. Esquirol, director de la Fundación, El respeto o la mirada atenta: una ética para la era de la ciencia y la tecnología (Gedisa, 2007), sobre el respeto como característica fundamental de una ética dirigida a la sociedad tecnológica; y, segundo, el Mercatec, o Mercado de Experiencias de Tecnología en Secundaria, que es una feria de proyectos tecnológicos elaborados en la secundaria; todos los proyectos se exponen en pie de igualdad y la finalidad de la celebración no es destacar ningún trabajo por encima de los demás, sino el reconocimiento de los demás acreditando el trabajo bien hecho. El Mercatec es un espacio de igualdad, de ilusión por el trabajo hecho, de intercambio entre docentes, donde los alumnos explican al público asistente cómo han planteado su proyecto, cómo lo han elaborado, qué necesidad han satisfecho, y en qué han contribuido, tecnológicamente hablando, a un mundo mejor.
La Fundación Epson-Instituto de Tecnoética celebra este año su décimo aniversario, trabajando para que los hombres, las mujeres y la tecnología puedan caminar juntos hacia un futuro de convivencia.
Pueden consultar todas las actividades en la web www.fundacion-epson.es, y el Mercatec en www.fundacion-epson.es/mercatec.

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