2016-10-28-photo-00000003Joaquin Coll Clavero és fill d’una nissaga de rellotgers originaris de Lascellas (Osca). Cursà el Grau en Relacions Laborals (Graduat Social) a la Universidad de Zaragoza i la llicenciatura de Ciències Econòmiques a la Universitat de Barcelona. Fou deixeble, entre d’altres, dels professors Jordi Nadal (Història Econòmica), Manuel Sacristán (Filosofia per a les Ciències Socials) i Ernest Lluch (Història de les doctrines econòmiques).

Ha col·laborat amb diversos diaris i ha escrit nombrosos articles científics i literaris, d’entre els quals sobresurten “Orwell: recuerdo de Barbastro” (Crisis, núm. 5), “Relojería de Lascellas 1870-1978” (Siglos XX y XXI, 2015) i “Ritual del Crespillo” (Temas de Antropología Aragonesa, 2015). És autor dels llibres Barbastro callejero. Guía e informe (Acuso: Barbastro, 1979), Manjares del Somontano (La Val de Onsera: Zaragoza, 2003) i Entorno a la relojería de Lascellas (1870-1978) (Instituto de Estudios Altoaragoneses: Huesca, 2013). Aquest darrer fou becat pel Centro de Estudios del Somontano de Barbastro.

Membre de l’Instituto Aragonés de Antropología i del Centro de Estudios del Somontano, ha exercit d’historiador ocasional de la “peripecia familiar que fue la relojería de Lascellas”. Conferenciant habitual de nombroses institucions culturals, és també un gran entusiasta del patrimoni gastronòmic: ostenta el títol d’acadèmic de la Academia Aragonesa de Gastronomía i ha estat professor invitat a la Universitat Gastronòmica de Pollenza (Itàlia), per impartir una lliçó sobre la cuina mediterrània al Somontano. Actualment és “lector, hortelano y poeta a ratos encontrados” i està preparant un poemari i una edició comentada del llibre El cocinero instruído (Librería Puyol: Barbastre, 1863).

Tu familia, originaria de Lascellas (Huesca), está íntimamente relacionada con el hierro y la relojería. Puedes hacernos una breve semblanza biográfica?

Mi bisabuelo, el relojero Francisco Coll Marqués procedía de la comarca altoaragonesa de la Litera (Cuatrocorz) y desempeñó a lo largo de sus vida los oficios de herrero, cerrajero y relojero. Tras contraer matrimonio con Casimira Subías (natural de Lascellas) se estableció allí como herrero en 1870.

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Detall del rellotge de la Catedral de Barbastre (1905)

Instaló su primer reloj en 1884 en Bandaliés (Huesca), una pieza con bastidor “vertical”, conforme a la técnica relojera medieval. Tras interesarse por la relojería francesa –su yerno exportaba a Francia vinos desde los primeros años de la “filoxera” – implantó en España la tecnología relojera de Morez (Jura) y fabricó los primeros relojes triangulares de inspiración francesa (El Tormillo, 1899).

En el año 1906 recibió el premio de la Diputación Provincial de Huesca a la empresa más destacada y en 1908, recibió la medalla de oro y el Diploma de honor en la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza por su reloj de la catedral de Barbastro. Se trataba de un reloj de gran bancada, de horas y cuartos, que incorporaba precisos mecanismos de ajuste en el péndulo.

La empresa continuó su actividad en Lascellas hasta 1945, año en que se estableció en Zaragoza, regresando nuevamente a Lascellas en 1967. El último dispositivo de Remontaje Electro-Automático marca “Coll” fue instalado en Castejón de Monegros (Huesca) en 1978. No fue sólo el final de una empresa, era el fin de una tecnología, (la relojería mecánica) clave para el desarrollo de la Primera Revolución industrial (Landes, Munford), junto a la máquina de vapor de Watt y el ferrocarril. Fue el fin de una cultura mecánica con más de setecientos años presencia.

La firma Coll es autora de diversos relojes, como el de la Catedral de Barbastro, de la Iglesia de Santo Domingo de Huesca y un sinfín de relojes públicos. Que aportó a la historia de la relojería hispana?

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Pèndol del rellotge de la Catedral de Barbastre

El mayor hallazgo de la Relojería de Lascellas fue sin duda la introducción en España de la moderna tecnología francesa de mediados del XIX: los relojes triangulares. Estos relojes habían evolucionado tanto en su estética como perfeccionado la colocación de dispositivos raros hasta entonces: esferas, campanas carillones… Además, y a diferencia de los verticales, eran bajitos.
Desde 1895, Francisco Coll protegió el hierro de sus máquinas mediante estéticos “anubarrados”, que se obtenían friccionando la superficie pulimentada con corcho impregnado en aceite de oliva.

A mediados del siglo XX, José Coll, (3ª generación) desarrolló un interruptor eléctrico de posición que, asociado a un motor eléctrico ,era capaz de subir las pesas cuando éstas habían bajado a una altura predeterminada e iban a hacer tope en el suelo. La innovación incentivó la venta y modificación de los relojes ya instalados.
En los años sesenta, subieron los salarios como secuela de la industrialización y el Remontaje automático de las pesas, evitaba el operario que “daba cuerda” al reloj. Por las mismas fechas, desarrolló un sistema para arrancar sirenas y carillones…

Háblanos de tu libro En torno a la relojería de Lascellas (1870-1978). Cuándo y por qué razones decidiste resumir la actividad familiar en un libro monográfico sobre el tema?

Nací en Lascellas, pero mis primeros años los viví en la casa adjunta al taller de relojería que la familia había trasladado a Zaragoza. Mis primeros recuerdos transcurren en ese taller. Allí trabajaban mi padre y sus tres hermanos. Me cautivaba el tic-tac de dos o tres ruedas de escape a la vez.

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Primer rellotge triangular. El Tormillo, 1899

Así es que a los 10 años mi memoria rebosaba relojería: tornos, fresadoras, historias de clientes escuchadas a hurtadillas en el taller o leídas en los cuadernos de mi tío José, donde él anotaba con delicadeza y precisión todos sus conocimientos relojeros e histórico-relojeros… Mi padre también me había contado cosas… Era penoso desechar todo aquel caudal de conocimientos, que como cualesquiera otros, ilustran la peripecia humana, señalan hitos y errores, previenen… en suma, resultan útiles.

Un día mi primo me dijo que había localizado los cuadernos de su padre, José Coll. Luego repartí tareas: mis hermanos y primos hicieron parte del trabajo de campo y yo escribí el texto e hice algunas fotos. Fue en cierto modo un trabajo coral. En mayor o menor medida involucré a toda la descendencia y sus amigos.
No lo dudé. Me dije: “si dentro de 20 años este librito le sirve a alguien para mejorar su tesis doctoral, o es capaz de transmitir algún conocimiento a cualquier persona, está perfectamente justificado”. Lo editó el Instituto de Estudios Altoaragoneses.

Qué proyectos tienes para el futuro?

“En torno a la relojería de Lascellas” ha sido un duro trabajo de documentación y estudio, pues he tenido que suplir con esfuerzo mis carencias metodológicas . Ha sido mi primer y único trabajo en el campo de la Historia y creo que mi época metalúrgica ha tocado su fin. Ahora preparo una edición comentada de El cocinero instruido un libro editado en Barbastro en el año 1863 y trato de sacar a flote un poemario que me azuza desde tiempo… Y entre copla y copla, cuido mi huerto.

Nací en Lascellas, pero mis primeros años los viví en la casa adjunta al taller de relojería que la familia había trasladado a Zaragoza. Mis primeros recuerdos transcurren en ese taller. Allí trabajaban mi padre y sus tres hermanos. Me cautivaba el tic-tac de dos o tres ruedas de escape a la vez


Per saber-ne més:

Rellotge de la Catedral de Barbastre (Osca)

Entorno a la relojería de Lascellas