TEXT: La Vanguardia
Fotografia: La Vanguardia

“Maleable, sólido, buen conductor del calor… El descubrimiento del hierro fue un gran acontecimiento para nuestros antepasados. Gracias a ese hallazgo, probablemente casual, multitud de objetos de uso cotidiano devinieron mucho más eficientes, ya no se doblaban con tanta facilidad: palas y azadas, hoces, ollas…

Existen indicios de uso del hierro por sumerios o egipcios hace cinco mil años, pero su expansión se hizo esperar en Europa: los griegos comenzaron a emplearlo en torno al año 1000 a.C, y todavía tardó tres siglos más en llegar a nuestros confines occidentales. El problema, sin duda, no fue la escasez: el material abunda, es el cuarto elemento más presente en la corteza terrestre. Desgraciadamente no se encuentra puro en la naturaleza, forma parte de minerales como la magnetita, la limonita o la pirita entre otros. La mayoría de esos minerales son óxidos y se deben reducir con carbono para la obtención de hierro.

(…)